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El estrés aumenta las enfermedades digestivas y el riesgo de cáncer

  • Foto del escritor: Redacción Acta diurna
    Redacción Acta diurna
  • 10 mar 2017
  • 2 Min. de lectura

Según el doctor William Otero Regino, profesor titular de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) y coordinador de la Unidad de Gastroenterología y del Hospital Universitario Nacional, los trastornos sicológicos producidos por el desempleo, las deudas, los problemas laborales y las enfermedades crónicas disminuyen y alteran la labor de las defensas es decir del sistema inmunológico.


El estrés crónico genera alteraciones bioquímicas, hormonales e inmunológicas nefastas. Por ejemplo, disminuye los linfocitos B, que producen los anticuerpos (proteínas de la sangre y de otros fluidos que bloquean virus, bacterias, parásitos y hongos); reduce la actividad de las células NK que vigilan la aparición de tumores; y puede aumentar la generación de interleucinas.



Estos trastornos originan pérdida de los mecanismos de defensa para reaccionar a tiempo y evitar las infecciones o bloquear la aparición de tumores como el cáncer gástrico o de hígado.


También pueden precipitar la aparición de enfermedades autoinmunes, en las cuales las defensas destruyen órganos como las articulaciones, los pulmones o el intestino.


Para el profesor Otero existe un “estrés bueno” que se da en situaciones súbitas, como un peligro inminente. En estos casos se producen múltiples cambios hormonales: aparecen grandes cantidades de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), corticoides y otras sustancias que preparan a los seres vivos para resolver situaciones adversas mediante la huida o la lucha.


Reacción ante el tormento mental


Cuando la presión sicológica es permanente e intensa surgen inconscientemente dolores y molestias en órganos sanos, como dolor abdominal, de cabeza, estreñimiento, diarrea, náuseas, vómito y temblores.



De acuerdo con el profesor Otero, la aparición de malestares en órganos sanos se denomina somatización, que –contrario a lo que cree el público en general, e incluso muchos profesionales– no significa que el paciente se está haciendo el enfermo.


De manera autónoma, el cerebro trata de proteger al individuo para evitar que estas presiones sicológicas empeoren, o, en el peor de los casos, conduzcan al suicidio. “Sencillamente el organismo se defiende llamando la atención hacia otros sitios para dejar la mente en paz”.


Los pacientes deben recibir apoyo absoluto e incondicional de los profesionales de la salud. Es urgente cesar el bullying hacia estos pacientes, pues la somatización es un tema delicado y susceptible de empeorar.


Testimonios reales


La mente y las enfermedades mentales, libro de la doctora Patricia Álvarez –gastroenteróloga de la U.N.– y el doctor Otero, presenta los testimonios de 80 pacientes sobre el impacto del estrés en enfermedades digestivas ya existentes, y la aparición de nuevos síntomas y molestias.


Los casos son explicados científicamente con un lenguaje claro y cercano al público.



En esta obra se aportan datos de pacientes a la rama de la sico-neuro-inmuno-endocrinología, disciplina científica que estudia la interrelación entre los factores sicológicos, los mecanismos de defensa y el sistema endocrino.


Para el doctor Otero “las respuestas ante el estrés dependen tanto de componentes genéticos como de los entornos familiares y del medio en los que se mueva el sujeto. Queremos decirle a las personas que todo tiene solución, que uno progresa gracias a las dificultades, que ‘lo que pasó ya pasó, nadie llora sobre la leche derramada’ y que nunca es tarde para volver a comenzar”. AGENCIA UN.

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