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Carnaval en los Tiempos del Tranvía (VI)

  • Por: Moisés Pineda S.
  • 2 mar 2017
  • 7 Min. de lectura

La juma de hoy


Eran las cuatro de la mañana del Domingo de Carnaval cuando llegamos al Puerto Real. La actividad en el lugar es frenética. Igual lo es en cualquier día del año.


Como un enjambre de luciérnagas, las lámparas de gas y los mechones dispuestos en la proa de las canoas, bongos y champanes anuncian la llegada de pasajeros y cargas provenientes de las vegas del Río, desde Mompóx hasta La Ciénaga de Barranquilla.

Muchas de esas embarcaciones son parte de la cada día más parapetada (1) flota del difunto al que llamaban “El Creso Barranquillero” (2) porque en esta Ciudad somos dados a ungir con los más rimbombantes epítetos, tomados de la historia y de los mitos de la literatura universal, a quienes tienen y hacen gala de su poder. Si tuviera, o hubiera tenido más dinero que Márquez, o que Cisneros a quien siguen llamando “El Regenerador de Barranquilla”, muy probablemente a Don Ricardo (3) lo motejarían “Corazón Valiente” y a Santa Marta, su ciudad de origen, Camelot. Y, para seguir con el papel de lamesuelas, a algún Alejandro, joven y con caudales, lo apodaríamos “El Grande”.


A los cantos de los bogas, al chapoteo de los remos que rítmicamente entran y salen de las aguas, y al crujir de las palancas que con cañaña (4) ellos entierran en el fondo de los canales para hacerlas avanzar, se une la algarabía de compradores y de vendedores que se animan por el bullicio de la papayera que viaja con nosotros en el “Campo Serrano”, el vaporcito que hace la ruta entre Barranquilla y San Juan del Córdoba que, con parsimonia, entra a La Ciénaga y al espacio de entre Las Islas (5), viniendo desde más hacia el norte, río abajo.


Ya se dibujaba al oriente La Sierra Nevada de Santa Marta cuando pusimos, qué diré que de poner los pies no se trata, cuando la carrandanga de borrachos fue vomitada por el vaporcillo sobre las orillas del Caño, en la parte trasera del ha pocos años de inaugurado mercado público, concesionado a Don Esteban Márquez que murió siendo dueño de todo lo que produce renta ociosa en Barranquilla.


Uno de los festejantes que había llegado a Mamatoco viniendo del Caimital (6) y a quien apodaban El Zarco por el color de sus ojos, jumao (7), trastabilla y se va al cieno en medio de la carcajada general de la plebe.


Los perros, azorados por el griterío y la befa de tanto barbachán (8), brincan, ladran y van de un lado para el otro, hacia arriba y hacia abajo y la borrachería, antes que atemperarse, se alebresta, arma más berroche (9) y se agranda el Sambapalo (10).



Los cancamanes (11) del mercado tratan de imponer el orden, antes que la conducta de tanto jayán (12) irresponsable vaya a crear una situación que ponga en peligro a las demás embarcaciones menores que ya para aquellos momentos del rosicler (13), eran docenas.


Los coches comenzaron a llegar en busca de los patronos que ya para aquellos momentos nos habíamos adueñado del local de Misía (15) Ana María Pino, una negra a quien le dispensan tan respetuoso tratamiento por estar casada, en un matrimonio muy mal visto por cuestiones de raza y de religión, con un blanco curazoleño arrutanao (16), pariente no muy lejano de mi padre. Y que, valga decirlo, es un asunto que muy poco les importa al uno y a la otra, pero que en el lugar da para toda suerte de comentarios maledicentes.


La negra había levantado este puesto de comidas en el nuevo mercado y su marido trabaja en este año con la firma Gieseken & Held bajo las ordenes de José, un hermano suyo, que tiene fama de contrabandista de aguardiente y es administrador una casa de lenocinio con apariencia de salón de baile.


Sea como fuere, el sitio de Misía Ana María y de su blanco marido es famoso entre el vulgo y entre quienes envidiamos las libertades y licencias que pueden darse los que no están amarrados por las condiciones de sangre, blasones y abolengos que obligan a ciertos compromisos y apariencias sociales.

Antes de las cinco de la mañana, ya hervían en la hornilla de barro cocido, las olladas de café endulzado con panela, otras en las que se cocían los bollos de maíz blanco y los chócoros en los que se prepara el hogao (16) de cebolla, tomate y ajos sofritos en manteca de cerdo con achiote. En el anafre (17), puesto un inmenso caldero de hierro colado, tiznado por las centenares de horas que había pasado expuesto al contacto con las brasas de la leña, crujían en la manteca las chuletas de un chancho sacrificado pocas horas antes en el patio del establecimiento


Estábamos sentados en unas bancas dispuestas a lado y lado, a lo largo de un mesón de más de dos metros de largo, y aún no habíamos terminado de dar cuenta del suculento desayuno, cuando se armó el bololó (18) en el momento mismo en el que algún ocurrente tomó la iniciativa de lanzar sobre nuestras cabezas bolsas y manotadas de harina, decía él, con la intención de evitar que, por no portar los pasaportes para poder andar por las calles de Barranquilla sin disfraz, no pasara que fuésemos amarrados por la policía carnavalera a La Vara Santa dispuesta en el Centro de La Plaza de San Nicolás.

Previsión entendible toda vez porque, ser amarrado allí es más que un suplicio, tal el daño inferido por la mordida de las hormigas que anidan en la alta caña por lo que son Diablas las hijas de una madre Santa (19).


Tal como ocurre desde 1888, los grupos de danzas del pueblo, no tardarán en invadir las calles al son del tambor y de la gaita con “Porros” y “Currulaos”.


Por la tarde, al frente de estas partidas estará Misía Ana María que había llegado a Barranquilla desde Cartagena con su hermano José Pino, con quien compartía la condición de Reyes en las fiestas de Cabildo.


Esos festejos, que son famosos y muy parecidos a los que se celebran en Aspiwall, se llevan a cabo en aquella ciudad con ocasión de las conmemoraciones del 11 de Noviembre, de las de San Sebastián, de las de San Blas y las de la Virgen de La Candelaria de La Popa, cada 2 de Febrero.



Algunas de tales danzas hoy llegan a tener a doscientos y pico de personas sin que tales fandangos de negros, de Indios Chimilas, o de Españoles- que tales son los de Diablitos y Paloteros-, varíen de un año al otro.

La de los Indios no es una danza nativa de los taironas como se dice, los cuales habitaban las alturas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Los Españoles no formaron pueblos con ellos por lo que desaparecieron sin dejar rastro de esa especie de bailes. Y menos de danzas.

Creo que las que hoy vemos fueron danzas compuestas por los conquistadores para atraer a los Chimilas, parcialidad belicosa que poblaba las partes bajas desde los que es hoy La Ciénaga hasta las laderas fronterizas de Mompox donde existían los chilloas, limítrofes con los tamalameques (20) .


También se le sigue dando continuidad a la comparsa que hace ocho años se presentó pintando a lo vivo, la manera bárbara como son tratados los negros en Cuba. La iniciativa fue del Cubano Manuel del Valle, quien representó el papel de Antonio el mayoral.

Valle a veces cantaba y bailaba acompañándolo en coro las negritas y los negritos.

Uno se sentía transportado el Centro del África, contemplando tantos desgraciados a quienes su mala estrella los habría de conducir a la perla de las Antillas, para soportar el despotismo de un amo y los azotes de un mayoral.



Viniendo de la Ciénaga llegaron desde el viernes las Cucambas, los Coyongos y La Madre Tierra, danzas que en un principio tenían un fin religioso.

El séptimo jueves después del Jueves Santo, danzan por delante del Santísimo en la Procesión del Corpus Christi, haciendo adoraciones al Santísimo Sacramento dando a entender que todas las criaturas, hasta las irracionales, deben adorarle.


Las Cucambas visten de la cintura para abajo unas enaguas anchas hechas de palma de vino, que cuando bailan revolean, y si se agachan se esponjan como hace el ave cucamba, cual la he visto bailar provocada por una mujer.

En el resto del cuerpo lo cubre con una camiseta de franela, recamada de plumas, calzaban guantes blancos, hechos de calcetines o medias calcetas, y cubren el rostro con una máscara que semeja el ave con su fuerte pico. Danzan al son de un tamboril y llevaban este estribillo: “Cucambambambam, pico perico” (21).


Debían ser las diez de la mañana cuando algún alma caritativa me metió a rastras en un coche de alquiler con mis petates. Y, de igual manera en la cama me metieron a ruego de Doña Lola que simulando disgusto, pues en detrás del abanico de palma se reía, al ver aquel espantajo en el que me habían convertido a fuer de aguas, harinas, anilinas, negro de humo y almagre.


Me ha obligado a tomar unas cucharadas de bicarbonato disueltas en agua helada que lo ha sido en la nevera de palo en la que se conserva el quintal de hielo que cada tres días nos provee la fábrica de Don Ricardo Arjona (22) que, por cierto, ojalá haya mejorado del chupón (23) del que ya sabemos.

Hubiera preferido una Lager Beer pero, Doña Lola es la que manda y no estoy en condición de discutir, ni en posición de negociar.

Y es que en los días del carnaval cada cual toma su parte para festejarlo.


(1) CASTILLO MATHIEU. Nicolás. “Lexicón de Cartagena”. Publicaciones Universidad Jorge Tadeo Lozano. Cartagena. Parapetada: “Arreglada provisionalmente” (2) SOLANO Sergio Paolo. Esteban Márquez. En Historia General de Barranquilla. Personajes. Tomo 2. Publicaciones de la Academia de Historia de Barranquilla. Editorial Mejoras. Barranquilla. 1995 (3) Ricardo Arjona (4) CASTILLO MATHIEU. Nicolás. Op Cit. Cañaña: “Fuerza”. Se usa también en Palenque según información oral de Nina S. de Friedemann. (5) Hoy es el sector de “Barranquillita” (6) Vereda de Malambo a la orilla del Río (7) CASTILLO MATHIEU. Nicolás. . Op Cit. Juma: “Borrachera”. (8) Ibidem. Barbachán: “Rústico”, “grosero”. (9) Ibidem. Berroche: “Juego de niños”. (10) Ibidem. Sambapalo: “Desorden”, “barullo”. (11) Ibidem. Burrero: “Mandamás”, “cancamán”. (12) Diccionario RAE. Jayán: Rufián respetado por todos los demás. (13) Ibidem. Rosicler. Color rosado suave de la aurora. (14) SUNDHEIM Adolfo. Vocabulario Costeño o Lexicografia de la Región Septentrional de la República de Colombia. Ediciones Gobernación del Atlántico. 1994. Misía. Mi Señora. Doña (15) CASTILLO MATHIEU. Nicolás. . Op Cit. Arrutanado: “Pobre”, “En la inopia”. (16) Ibidem. Ogao. Hogao: Guiso (17) Diccionario RAE. Anafre. Anafe: Hornillo portatil (18) CASTILLO MATHIEU. Nicolás. . Op Cit.Bololó: “Desorden”. Parece voz africana. (19) BENITO REVOLLO. Pedro María. Mis Memorias. Editorial Mejoras. Barranquilla. Segunda Edición. 1998. Reminiscencias Infantiles. Pags. 1 a 33. (20) Ibidem (21) BENITO REVOLLO. Pedro María. Op. Cit. (22) CONDE. Jorge. Ricardo Arjona Sardá En Historia General de Barranquilla. Personajes. Tomo 2. Publicaciones de la Academia de Historia de Barranquilla. Editorial Mejoras. Barranquilla. 1995 (23) CASTILLO MATHIEU. Nicolás. . Op Cit.Chupón: Accionar de chupar con fuerza.

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