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De cómo el cero se volvió un número

  • Foto del escritor: Redacción Acta diurna
    Redacción Acta diurna
  • 26 dic 2016
  • 3 Min. de lectura

El número cero, ese que nos describe cuando estamos en bancarrota, faltos de energía o que nos hace entender la dimensión de una deuda tiene raíz espiritual. Créase o no. Este numerito que provoca más dolores de cabeza que alegrías viene haciendo de las suyas desde tiempos ancestrales. Incluso grandes civilizaciones como los romanos no conocieron su uso, con lo que los cálculos entrañaban gran dificultad.


El cero aparece tanto en la vieja Babilonia como en la cultura maya para calcular los cambios de estaciones. En aquellos tiempos, los intelectuales lo usaban como símbolo para representar la ausencia de un número, del mismo modo en que hoy se lo usa en 205 o 206 para explicar que no hay múltiplos de 10 en la posición del medio. Los babilonios lo dibujaban con dos símbolos pequeños en forma de dardo inclinados. Dos milenios más tarde el cero fue reconocido como número. Y esto sucedió en la India.



La India era, según el escritor matemático Alex Bellos, el lugar perfecto puesto que "la idea de que la nada fuera algo ya estaba profundamente instaurada en la cultura india. El ´nirvana´ es un estado de vacío en el que no hay preocupaciones ni deseos". Y de ahí la pregunta: "¿Por qué no tener un símbolo que reflejara ese estado?"


Los indios llamaron ´shunya´ al cero, palabra que aún hoy se utiliza como concepto y como número. Y es redondo porque representa el ciclo de la vida, también conocido como ´serpiente de la eternidad´.


El astrónomo hindú Brahmagupta fue quien hizo grande al cero en el siglo VII. Porque puede indicar tanto que no hay nada en esa posición como utilizarlo en cálculos como cualquier otro número: sumarlo, restarlo, o multiplicarlo. También dividirlo, aunque los desafíos matemáticos fueron más complejos.


Después de establecerse en el sur de Asia, el cero llegó a Medio Oriente donde se incorporó a los números arábigos que empleamos en la actualidad. A tal punto que, para algunos historiadores, lo correcto sería llamar a nuestro sistema numérico "indo-arábigo".


La palabra ´cero´ proviene del árabe ´sifr´ (صفر), que significa vacía, a través del italiano. La voz española “cifra” también tiene su origen en ´sifr´.



Lo cierto es que, después de sus inicios espirituales e intelectuales, el cero llegó a la época de las cruzadas entre cristianos e islamistas. Y en 1299 fue prohibido en Florencia junto a todos los números arábigos porque, se decía, promovían el fraude. El cero podía transformarse con facilidad en un nueve, o en un seis, y una sucesión de ellos podría cambiar otro número para siempre.


Fue recién en el siglo XV que el cero y sus compañeros del sistema arábigo fueron aceptados en Europa. En ese entonces ya existía la imprenta desde hacía rato y la Universidad de Oxford llevaba siglos funcionando.


Ambas ayudaron a que el cero floreciera como una idea en matemática y se convirtiera en la base de algunos de los métodos científicos y tecnológicos que usamos hoy en día, como el código binario.


A finales del XVII el cero surgió victorioso como la base de las coordenadas cartesianas, los gráficos que usan como referencia los ejes ´X´ e ´Y´, y que hoy continúan en uso tanto en la ingeniería como en computación.


"El Renacimiento brilló con la llegada del sistema arábigo, que incluía el número cero. Y cuando eso sucedió, el mundo blanco y negro de la aritmética, se volvió glorioso y colorido", afirma Bellos.



Tanto poder volvió a generar fuertes pasiones. Y se metió en el mundo del cálculo. Ese que permite hacer previsiones sobre el futuro, que describe cómo prácticamente todo cambia, desde el valor de las acciones de una empresa hasta la curva de crecimiento de una epidemia.


Sin el concepto de cero como número nada de esto sería hoy posible, aseguran historiadores y adeptos a los símbolos matemáticos.


Hasta los adoradores del cero dicen que fue capaz de meterse en uno de los placeres más extendidos, el que se advierte cuando se bebe un champagne. Cada burbuja representa un cero. Entonces, brindemos por una copa con burbujas perfectas porque en ella se encuentra el número más redondo, espiritual y poderoso de la historia. IPROFESIONAL.

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